Historia de la congelación con Eurofrits

¿Desde cuándo congelamos los alimentos?

Hoy en día, prácticamente el 100% de los hogares españoles cuenta con un congelador en el que conservar los alimentos. Pero, ¿desde cuándo se utiliza la congelación como método de conservación? La respuesta se remonta a hace miles de años: ya en la prehistoria nuestros antepasados habían descubierto que las bajas temperaturas permitían conservar los alimentos por más tiempo, por lo que los guardaban en el fondo de las cavernas o en cuevas de hielo. La historia de la congelación arranca en la prehistoria y ha experimentado a lo largo de los siglos una notable evolución hasta las tecnologías de vanguardia de la actualidad.

Desde los humildes comienzos de la congelación natural, a medida que avanzaba la civilización, se desarrollaron métodos más sofisticados de creación de frío artificial. Un hito importante fue la construcción por el escocés Mr. William Cullen del primer frigorífico que funcionaba con electricidad en 1748. Años más tarde, en 1842, se hizo por primera vez la congelación de alimentos de forma comercial.

Ya en 1922, Clarence Birdseye, fundador de Birdseye Seafoods, comprobó que cuánto más rápido se producía el proceso de congelación del alimento fresco, mejor conservaba su sabor y textura originales, así que se fueron perfeccionando las técnicas para conseguir un método de ultracongelación más efectivo.

Técnicas modernas: congelación rápida y ultracongelación

Hoy en día, las técnicas modernas de congelación incluyen la congelación rápida y la ultracongelación. Estos métodos minimizan el daño celular al congelar los alimentos rápidamente, lo que garantiza la retención de la calidad y el sabor. En Eurofrits apostamos por el sistema IQF (INDIVIDUAL QUICK FROZEN), un procedimiento que garantiza que el producto conserve la textura, el valor nutritivo y el sabor del producto fresco.

Se trata de un proceso de congelación rápida de manera individual que cuenta con numerosas ventajas: además de mantener las propiedades originales del producto, el sistema IQF garantiza que los productos no necesiten químicos para su preservación. Gracias al cambio brusco de temperatura de este sistema, los microorganismos se minimizan, obteniéndose la máxima calidad higiénica. Además, una vez congelados, los productos se conservan en perfecto estado de calidad microbiológica y de garantía de salud alimentaria durante toda la vida útil de 18 meses.

En la actualidad, la industria de alimentos congelados ofrece una amplia variedad de productos de alta calidad, consumidos cada día en más hogares españoles, ya que representan una opción conveniente y versátil para el consumidor.

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