El reto del desperdicio alimentario
Desde abril de 2026, ya no es una recomendación. Es una obligación legal. La Ley 1/2025 de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario ya está en vigor, sus obligaciones son ahora plenamente exigibles. Toda la cadena alimentaria —industria, distribución y hostelería— debe contar con un plan de prevención del desperdicio, aplicar una jerarquía de prioridades antes de descartar cualquier alimento apto para el consumo y facilitar la donación con trazabilidad real. Destruir alimentos aptos para el consumo deja de ser una opción aceptable y pasa a ser sancionable. Y las sanciones pueden llegar hasta 500.000 euros en los casos más graves.
Para el canal Horeca, la norma añade una obligación: ofrecer de forma gratuita un envase para que el cliente pueda llevarse lo que no ha consumido e informar de ello de manera clara en el local. Para Retail, el foco está en facilitar la venta de producto con fecha próxima (descuentos, secciones específicas) y en formalizar acuerdos de donación con trazabilidad real.
¿Por qué encaja tan bien el congelado en esta nueva normativa?
En primer lugar, por su vida útil. Mientras el fresco impone una ventana de pocos días, el congelado se mide en meses. Eso da el margen de maniobra que la ley de Desperdicio Alimentario pide: tiempo de sobra para vender, rotar o donar antes de que nada deje de ser apto. También por la precisión en cocina: porciones exactas significan que se usa lo que se necesita, sin sobrantes que acaben en la basura al cierre del servicio. Y por la trazabilidad, que en producto congelado suele venir integrada de fábrica, con lotes y fechas controlados desde el origen, justo lo que la ley exige a la hora de donar excedentes.
Más allá del cumplimiento normativo, la nueva legislación pone el foco en un aspecto que los profesionales del sector conocen bien: reducir las mermas también significa mejorar la rentabilidad del negocio, supone optimizar compras, controlar mejor las existencias, ajustar las producciones y aprovechar al máximo cada ingrediente. Apostar por el producto congelado no solo contribuye a cumplir con la nueva legislación, sino que también optimiza los costes operativos y promueve prácticas sostenibles en el sector Horeca.
En Eurofrits trabajamos así desde hace años: pensando el producto para que se aproveche al máximo en cada eslabón, desde nuestra producción hasta la cocina o el lineal donde termina.